En los últimos años ha crecido la polémica alrededor de los instrumentos de corrección que generan incomodidad o dolor en los perros. Collares de pinchos, estranguladores y dispositivos eléctricos aparecen frecuentemente en videos de internet, mientras que muchos dueños buscan soluciones basadas en premios o en la simple prohibición del comportamiento. Al mismo tiempo, la excavación se ha convertido en una queja recurrente de los propietarios que encuentran su jardín convertido en una zona minada.
El veterinario Adrián Conde, activo en TikTok, ha utilizado la plataforma para denunciar estos métodos y respaldar su postura con la bibliografía científica disponible. Según él, recurrir al maltrato para corregir conductas no solo es ineficaz, sino que contradice los principios de una convivencia respetuosa y puede desencadenar problemas de conducta a largo plazo.
Los collares punitivos no mejoran el comportamiento canino
Estudios revisados por pares indican que los collares de estrangulamiento y los de pinchos no logran una reducción sostenible de conductas indeseadas. Al provocar miedo o dolor, el animal puede asociar el estímulo con el momento de la corrección, pero no con la conducta que se pretende modificar. Además, se incrementa la probabilidad de que aparezcan respuestas agresivas o de evitación, complicando aún más la relación dueño-perro.
La ciencia también muestra que la educación positiva es una alternativa viable. Establecer normas claras, combinar límites firmes con recompensas y emplear refuerzo diferencial permite al canino comprender qué se espera de él sin experimentar sufrimiento. Conde subraya que eliminar los castigos no implica vivir solo de premios; es posible mantener una estructura familiar consistente, definiendo áreas prohibidas y ofreciendo alternativas atractivas.
Qué dice la evidencia científica
Investigaciones en etología canina revelan que los animales que aprenden mediante refuerzo positivo presentan menor nivel de estrés cortisol y una mejor adaptación a nuevos entornos. Asimismo, los protocolos de adiestramiento sin castigo reducen la incidencia de conductas repetitivas como ladridos excesivos o mordiscos. En síntesis, la evidencia respalda la idea de que una educación basada en el respeto y la comunicación supera a cualquier método que implique dolor.
Excavación: comportamiento natural y cómo canalizarlo
Escarbar es una conducta heredada de los lobos, quienes removían la tierra para encontrar presas, crear refugios o almacenar alimento. En el ámbito doméstico, los perros pueden enterrar juguetes, huesos o simplemente buscar una zona fresca cuando la temperatura exterior es elevada. Las hembras preñadas, por su parte, pueden cavar para preparar un lugar seguro para sus cachorros.
El problema surge cuando la actividad se vuelve compulsiva, se extiende a áreas prohibidas o genera lesiones. Señales de alarma incluyen cavar sin parar, destruir camas o muebles, y mostrar ansiedad evidente al intentar detener la acción. En estos casos, el comportamiento ya no es sólo instintivo; es una manifestación de aburrimiento, estrés o falta de estímulos adecuados.
Pasos prácticos para redirigir la excavación
Los especialistas recomiendan incrementar la cantidad y calidad de los paseos, incorporar juegos de olfato y proporcionar juguetes de enriquecimiento que mantengan la mente ocupada. Si el propietario dispone de jardín, puede delimitar un área de excavación autorizada, enterrando allí un juguete o una recompensa para que el perro asocie ese espacio con diversión permitida. Asimismo, ofrecer una zona fresca con sombra o una cama de hierba artificial puede reducir la necesidad de buscar refugio bajo tierra.
En caso de que la excavación provoque heridas en las patas o cambios de humor, es imprescindible acudir a un veterinario o a un profesional en conducta canina. La intervención temprana permite identificar causas subyacentes, como alergias o dolor articular, y evitar que el hábito se consolide como un patrón problemático.



