En la actualidad, los perros han dejado de ser simples mascotas para convertirse en miembros activos de la familia. Este cambio en la percepción ha generado una transformación en los hábitos de consumo, el turismo y la vida urbana. Sin embargo, las infraestructuras y servicios públicos no han evolucionado al mismo ritmo, según señala Silvia Martín especialista en marketing digital y analista de las relaciones entre personas y mascotas.
Martín ha desarrollado el concepto de pet parent marketing que ayuda a las marcas a adaptar su comunicación a este nuevo perfil de consumidor. Según su análisis, las ciudades aún tienen mucho trabajo por delante para adaptarse a esta nueva realidad. «La presencia de perros en las ciudades ha aumentado significativamente, pero muchas infraestructuras siguen pensadas como si fueran una excepción», afirma.
Desafíos cotidianos en la convivencia urbana
Quienes conviven con perros enfrentan dificultades en aspectos cotidianos como el transporte público el acceso a ciertos espacios y la búsqueda de vivienda de alquiler. «Las limitaciones siguen siendo muy parecidas: dificultades para acceder al transporte público, pocas zonas adaptadas, restricciones en algunos espacios y problemas para encontrar vivienda de alquiler», explica Martín.
Para ella, el problema no reside únicamente en las restricciones, sino también en la falta de criterios comunes. «Queda trabajo prácticamente en todos esos ámbitos, pero especialmente en la coherencia de las normas. Muchas veces las restricciones son diferentes según la ciudad o incluso según el espacio, lo que genera bastante confusión», señala.
Ejemplos de adaptación en Europa
Desde su experiencia analizando las nuevas tendencias de consumo, Martín considera que algunos países europeos han incorporado con mayor naturalidad la convivencia con mascotas a la planificación urbana. «Algunas ciudades europeas llevan años incorporando esta realidad con más naturalidad, facilitando el acceso al transporte, creando más espacios compartidos y entendiendo que convivir con un perro forma parte del día a día de muchas personas», apunta.
Mejorar la convivencia no pasa necesariamente por grandes inversiones, sino por adaptar la normativa y los servicios a una realidad social que ya está consolidada. «En realidad no siempre hacen falta grandes inversiones. Muchas mejoras pasan por revisar normas, señalizar mejor los espacios permitidos, facilitar el acceso al transporte o crear más zonas de convivencia bien diseñadas», concluye.
El crecimiento de los llamados pet parents ya está modificando sectores como el turismo, la hostelería o el comercio. Para Martín, el siguiente paso será que esa transformación también llegue a las ciudades, adaptando los espacios públicos y los servicios a una convivencia que ya forma parte del día a día de millones de personas.



