En los últimos meses, los incidentes de especies invasoras han cobrado una relevancia sin precedentes en varios continentes. Desde el Atlántico sur hasta el norte de Europa y el interior de México, la proliferación de organismos ajenos a los ecosistemas locales genera alarma en pescadores, científicos y autoridades municipales.
Brasil intensifica la captura de pez león frente a Porto Seguro
En la zona costera de Porto Seguro, en el estado de Bahía, se contabilizó la captura de 440 ejemplares de Pterois volitans conocidos popularmente como pez león. La operación, coordinada por la Secretaria Municipal de Meio Ambiente e Causa Animal (Semac) y la comunidad pesquera de la Colônia Z-22, logró congelar 430 individuos para su análisis biométrico y de contenido estomacal en el Laboratório de Ecologia e Conservação Marinha (Lecomar) de la Universidad Federal de Bahía (UFSB).
El plan municipal de enfrentamiento de la bioinvasión contempla pagar 10 reales a cada pescador por pez capturado y evalúa la posible incorporación del animal a la cadena comercial, pues su carne, libre de veneno tras la cocción, es apta para consumo humano. Los expertos advierten que, al carecer de depredadores naturales en el Atlántico, el pez león reproduce rápidamente, devora crías de especies comerciales y altera los arrecifes, amenazando tanto la biodiversidad como el turismo asociado.
Europa: el aumento del nivel del mar abre nuevas rutas para invasores marinos
Un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution modeló la distribución futura de 122 especies marinas ya establecidas fuera de su zona de origen. Los autores estiman que, con un alza media del nivel del mar de 20 cm para 2050 y 56 cm para 2100, entre 290 000 y 470 000 km² de nuevas áreas costeras inundadas podrían convertirse en hábitats idóneos para organismos como el cangrejo chino de Shanghái, la ostra del Pacífico o la estrella de mar del Pacífico norte.
Los estuarios, por su mezcla de agua dulce y salada y alta actividad humana, se identifican como puntos críticos. En España, la detección de peces gato, percasol y gambusia en la fuente de los Lavaderos de Cuéllar (Segovia) obligó a una rápida intervención de la policía local y agentes medioambientales, que eliminaron ocho ejemplares y reforzaron la vigilancia en fuentes y estanques municipales. De forma paralela, la Confederación Hidrográfica del Guadiana instaló barreras físicas para contener la expansión de plantas acuáticas invasoras como el camalote, demostrando un enfoque multidisciplinario que combina control físico y monitoreo continuo.
Nuevo León: caza ciudadana del pez diablo para proteger la fauna autóctona
En el norte de México, el llamado pez diablo – un pleco loricárido originario de Sudamérica – ha colonizado presas y ríos como La Boca, La Silla, Santa Catarina y San Juan. Su capacidad para tolerar condiciones adversas, su cuerpo recubierto de placas óseas y la construcción de madrigueras en las riberas facilitan su proliferación, generando erosión y desplazamiento de especies nativas como mojarras, bagres y sardinas.
Durante septiembre, la iniciativa ciudadana “Pescando en Ríos de Nuevo León” organizó jornadas de pesca selectiva en el Río La Silla. El 27 de ese mes, 71 voluntarios retiraron 651 ejemplares, elevando el total acumulado a 2 702 peces removidos. A pesar de la evidencia de que la captura puntual no basta para erradicar la especie, estas actividades reducen la densidad poblacional y sensibilizan a la comunidad sobre los riesgos ecológicos y económicos que implica la invasión.
Los especialistas coinciden en que la principal vía de introducción del pez diablo proviene de la liberación de ejemplares mantenidos en acuarios domésticos. Además, advierten que, sin estudios sobre la bioacumulación de metales pesados en los cuerpos capturados, no se recomienda el consumo indiscriminado del pescado, aunque no representa una amenaza directa para la salud humana.
En conjunto, los casos de Brasil, Europa y México ilustran la necesidad de acciones coordinadas que integren la captura dirigida, la vigilancia de nuevos hábitats potenciales y la educación pública. Solo mediante la combinación de políticas locales, investigación científica y participación ciudadana será posible limitar el avance de especies invasoras y preservar los ecosistemas amenazados.



