En los últimos meses la cuestión de los perros ferales ha vuelto al centro del debate público. Por un lado, el Congreso discute un drástico recorte al Programa de Tenencia Responsable y, por otro, una sentencia civil asigna responsabilidades tras una mortal pelea entre dos caninos en la zona rural de General Roca. A esto se suma una serie de curiosidades que revelan cuán complejo resulta el vínculo entre humanos y animales.
El escenario legislativo, la disputa judicial y los datos científicos conforman un panorama que obliga a analizar tanto la prevención como la respuesta ante los incidentes que involucran a los perros.
Recorte al Programa de Tenencia Responsable y su efecto sobre los perros ferales
La Comisión de Agricultura ha puesto sobre la mesa una medida que reduciría en aproximadamente un 86 % los recursos asignados al Programa de Tenencia Responsable de Animales de Compañía, pasando de $3.634 millones a $514 millones para el ejercicio 2027. La contradicción es evidente: ampliar las herramientas de control mientras se debilita la capacidad de prevención. El programa financiaba esterilizaciones, identificación, atención veterinaria y campañas de educación; todas ellas esenciales para evitar que los animales terminen sueltos y generen conflictos con la fauna silvestre y el ganado.
Una definición rigurosa de perro feral resulta imprescindible. No todo canino encontrado sin dueño es necesariamente “feral”; puede estar perdido, abandonado recientemente o pertenecer a una familia que incumple su deber de custodia. Las decisiones letales deben basarse en criterios verificables y en una autoridad competente, evitando que la apariencia o la ubicación del animal determinen su destino.
Si el Estado no aborda la raíz del problema –el abandono y la reproducción descontrolada– cualquier medida punitiva perpetuará el ciclo. La reducción presupuestaria amenaza la continuidad de proyectos que, según la Subdere, suman alrededor de $3.000 millones y que estarán activos hasta 2027. Mantener esos compromisos sin nuevos fondos supone una disminución de la capacidad preventiva y deja a municipios y organizaciones sin las herramientas necesarias para actuar a tiempo.
Sentencia judicial por la muerte de dos perros El 17 de julio de 2019, alrededor de las 11:40 h, los perros de una familia ingresaron a la chacra vecina provocando un enfrentamiento. Uno de los animales, un American Bully llamado Tauro fue abatido con una escopeta que impactó en la cabeza; el otro, un Cocker llamado Argos también falleció.
La jueza asignó un 50 % de responsabilidad a cada propietario. Por un lado, determinó que el dueño de Tauro no tomó medidas para impedir que sus perros invadieran terrenos ajenos; por otro, consideró que disparar con escopeta era una reacción desproporcionada frente a la pelea. Además, se establecieron indemnizaciones por los daños ocasionados y se rechazaron reclamos contra terceros, al no quedar acreditada su participación.
Este fallo reabre el debate sobre la responsabilidad civil de los dueños y los límites de las respuestas frente a agresiones entre perros. La decisión subraya la necesidad de contar con normativas claras que orienten tanto la prevención como la intervención, evitando situaciones que terminen en violencia letal.
Curiosidades sorprendentes que revelan la complejidad del vínculo canino
Más allá de la política y la justicia, la ciencia ofrece datos que hacen del perro un animal singular. A continuación, algunos de los hallazgos más interesantes
- Gusto limitado: los perros no perciben sabores salados; sus papilas gustativas detectan dulce, amargo, ácido y umami (cárnico).
- Depresión estacional: pueden presentar síntomas similares a la tristeza humana en épocas de baja luminosidad; la interacción y el juego son clave para contrarrestarla.
- Dolor por la lluvia: su audición más aguda amplifica el ruido de las gotas, generando incomodidad.
- Comportamiento de ingesta: a veces comen piedras, hierba o arena para provocarse el vómito cuando tienen malestar estomacal.
- Rituales antes de acostarse: giran sobre sí mismos para asegurarse de que el entorno está libre de peligros y para encontrar la posición más cómoda.
- Sudoración limitada: solo lo hacen por medio de las almohadillas de sus patas.
- Visión cromática: aunque no tan nítida como la humana, perciben colores.
- Variedad de razas: existen más de 800 razas, la mayor cantidad entre los mamíferos domésticos.
- Lengua azul del Chow Chow: al crecer, su lengua y encías cambian de color, pasando de rosado a azul.
- Inteligencia del Border Collie: considerado la raza más inteligente, requiere ejercicio intenso y estimulación mental.
- Huella nasal única: cada perro posee una impresión nasal exclusiva, comparable a la huella dactilar humana.
- Capacidad léxica: pueden aprender entre 200 y 500 palabras, equiparable al desarrollo cognitivo de un niño de dos años.
- Oxitocina y vínculo afectivo: su cerebro libera la hormona del amor cuando interactúan con sus dueños, favoreciendo el apego.
- Detección de enfermedades: estudios indican que algunos perros pueden identificar el cáncer y otras patologías mediante el olfato.
Estos hechos demuestran que el perro no es solo un animal de compañía, sino un ser con características fisiológicas y conductuales que pueden afectar significativamente la convivencia y la gestión de su población.
Solo combinando prevención, legislación acertada y educación podremos garantizar tanto la protección de la biodiversidad como el bienestar de los animales y sus dueños.



