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En Nichelino, cerca de Turín, se ha puesto en marcha un programa dirigido a estudiantes de secundaria que propone incorporar al perro como recurso pedagógico. La iniciativa nace con la intención de ofrecer experiencias prácticas que vayan más allá de la mera instrucción técnica sobre cuidado canino: pretende fomentar competencias transversales como la observación, la autorregulación emocional y la cooperación entre jóvenes.
El proyecto, ideado por la asociación Paw Therapy en colaboración con el Ayuntamiento de Nichelino y el área de políticas animales, se desarrolla en las aulas de Engim Piemonte. Está pensado para chicos y chicas de entre 14 y 18 años y busca formar lo que llaman la Generación C, o generación cinófila, que comprenda al animal como compañero y elemento educativo.
Objetivos pedagógicos y enfoque metodológico
El núcleo del programa no es transformar a los participantes en adiestradores profesionales, sino emplear la relación con el perro como un vehículo educativo. A través de actividades teórico-prácticas, los estudiantes trabajan habilidades que son útiles en la vida cotidiana y escolar: responsabilidad, respeto por las reglas, planificación y trabajo en equipo.
Estas competencias se introducen mediante ejercicios supervisados que permiten experimentar consecuencias concretas de sus acciones en un entorno seguro.
Uno de los pilares del proyecto es la educación emocional: los jóvenes aprenden a identificar señales de estrés o bienestar en el animal y a modular sus propias reacciones. La formación incluye la lectura de la comunicación corporal del perro, componente esencial para prevenir conflictos y favorecer interacciones respetuosas. Estas lecciones se plantean como un laboratorio de ciudadanía, donde cuidar de otro ser implica asumir obligaciones hacia la comunidad.
Competencias prácticas
Además de la dimensión afectiva, las sesiones incorporan nociones prácticas sobre higiene, manejo básico y necesidades etológicas del perro. Mediante la observación guiada y tareas concretas, los estudiantes ejercitan la planificación y la toma de decisiones: desde organizar paseos seguros hasta entender por qué determinadas razas o temperamentos requieren actividades específicas. Todo ello se realiza bajo la supervisión de profesionales para garantizar seguridad y rigor.
La red profesional detrás del proyecto
Para sostener el formato educativo se ha constituido un equipo multidisciplinar que incluye psicólogos, educadoras, una socióloga, logopeda y médicos, junto a expertos en pet therapy y educación cinófila. Esta composición permite abordar la relación humano-perro desde perspectivas complementarias: la salud, el bienestar emocional y la formación técnica. La intervención coordinada asegura que las actividades sean seguras y estén basadas en evidencia.
Roles y responsabilidades
Cada profesional aporta herramientas distintas: los psicólogos trabajan habilidades emocionales, el personal sanitario vela por el estado físico de los animales, y las educadoras estructuran las actividades prácticas. Gracias a este enfoque colaborativo, el proyecto combina intervención socio-sanitaria y formación, reflejando la misión de Paw Therapy de promover una cinofilia responsable a 360°.
Impacto en la comunidad y perspectivas
Los promotores sostienen que enseñar a convivir correctamente con los perros desde la escuela influye también en las relaciones interpersonales de los alumnos. Al comprender la importancia de las normas, del respeto y de la empatía hacia otro ser, los estudiantes desarrollan valores transferibles a la vida adulta. El modelo aplicado en Nichelino se plantea como una buena práctica replicable en otros municipios interesados en unir bienestar animal y educación cívica.
Complementando esta experiencia local, iniciativas recientes en otras localidades han resaltado la necesidad de información y concienciación para reducir riesgos en el espacio público. Por ejemplo, en Cortanze se celebró una conferencia titulada «Cani e sicurezza» donde se subrayó que la educación no es simple adiestramiento sino construcción de relaciones basadas en comprensión y responsabilidad. La charla insistió en conocer las señales de bienestar y malestar del perro, así como en respetar la normativa aplicable para una convivencia segura.
Al incorporar a los animales en procesos educativos, se busca no solo mejorar el trato hacia ellos, sino también formar ciudadanos más conscientes, empáticos y preparados para compartir espacios comunes con respeto.





