En las calles de nuestras ciudades, los gatos callejeros han encontrado un refugio temporal, pero su futuro depende de las acciones humanas y las leyes que los protegen. Desde hace tres años, una normativa obliga a los ayuntamientos a gestionar las colonias felinas, una tarea que tradicionalmente han llevado a cabo voluntarias, en su mayoría mujeres, que sacrifican su tiempo y recursos para alimentar y esterilizar a estos animales.
Sin embargo, esta labor desinteresada no está exenta de conflictos. Las voluntarias a menudo enfrentan el rechazo e incluso los insultos de algunos ciudadanos, a pesar de su invaluable contribución. Pero más allá de los desafíos, hay historias que inspiran y muestran la conexión única entre humanos y gatos.
La ley y su cumplimiento
La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales establece que los ayuntamientos deben ocuparse de las colonias de gatos callejeros. Esta normativa reconoce la figura del «gato merodeador» aquel que sale sin supervisión al exterior del hogar de su titular. Sin embargo, la aplicación de esta ley no siempre es sencilla.
En Logroño, por ejemplo, el ayuntamiento ha asumido la responsabilidad de gestionar estas colonias, pero el esfuerzo aún recae en gran medida en las voluntarias. Estas mujeres no solo alimentan a los gatos, sino que también pagan de su bolsillo las esterilizaciones y los tratamientos veterinarios. Su dedicación es un testimonio de la empatía y el compromiso hacia estos animales.
Historias de conexión y conflicto
Una historia conmovedora es la de una gata que apareció con el rabo roto y un bulto en el cuello, seguida de sus cinco crías. La dueña de la casa, acostumbrada a recibir visitantes felinos cada verano, quedó sorprendida por la docilidad y cercanía de esta gata. La felina no solo permitió que tocaran a sus crías, sino que buscó activamente la ayuda humana, mostrando una empatía insólita.
Esta historia es solo un ejemplo de las muchas conexiones que se establecen entre humanos y gatos callejeros. Sin embargo, no todas las interacciones son positivas. En Reino Unido, por ejemplo, se han registrado conflictos entre vecinos debido a la apropiación indebida de gatos domésticos. Estos «cat seducers» atraen a mascotas ajenas, proporcionándoles comida y atención, lo que puede llevar a auténticos enfrentamientos.
Conflictos entre vecinos
Un caso notable es el de Amy y su gato Sid, un antiguo gato callejero que comenzó a pasar largas horas en casa de una vecina. Amy descubrió que la vecina alimentaba a Sid con pollo ecológico y lo dejaba entrar en su casa. A pesar de las solicitudes de Amy para que dejara de hacerlo, la vecina continuó con su comportamiento. Solo cuando se marchó de vacaciones, Sid volvió a pasar más tiempo en casa.
Otro ejemplo es el de Alison Ward, whose gato Scooby comenzó a regresar oliendo a marihuana después de visitar la casa de varios jóvenes. Allí, le proporcionaban comida y hasta le habían comprado una cama y cuencos. La situación se volvió más tensa cuando Pauline descubrió que su gata Luka había estado seis semanas sin regresar debido a una vecina que la alimentaba con salmón y paté.
Protección legal y derechos
En España, la Ley 7/2023 establece que alimentar habitualmente al gato de un vecino no convierte a una persona en su nuevo dueño. La misma ley considera infracción grave «el robo, hurto o apropiación indebida de un animal». Para acreditar la titularidad de un gato, se pueden utilizar documentos, cartillas veterinarias, fotografías o testigos.
Por tanto, que un gato pasee por la calle no significa que esté abandonado. La ley protege tanto a los gatos callejeros como a los domésticos, asegurando que sus derechos sean respetados. Sin embargo, la aplicación de estas normas sigue siendo un desafío, y la labor de las voluntarias sigue siendo crucial para el bienestar de estos animales.



