El estado californiano está a punto de abrir una obra única: el pasaje de fauna más extenso del planeta, que se extenderá sobre diez carriles de la autopista US-101. Programado para el 2 de diciembre, el ecoducto llamado Wallis Annenberg Wildlife Crossing permitirá a coyotes, linces, pumas y zorros cruzar sin riesgo de ser atropellados, rompiendo una barrera que durante décadas aisló a la fauna de los cañones de Santa Mónica.
El nuevo ecoducto de la US-101: un paso gigante para la fauna
Diseñado como una cinta ancha de tierra y vegetación, el ecoducto se asemeja más a un corredor natural que a un puente convencional. Ingenieros trasladaron líneas de telecomunicación, cables de alta tensión y una tubería de agua para integrar la estructura al entorno sin romper el flujo hidrológico. La cubierta de concreto ya se ve en la zona de Agoura Road, y los primeros animales, como coyotes y linces, han sido avistados en la zona de pruebas, lo que indica que el hábitat simulado está funcionando. El proyecto, cuyo costo ha escalado a aproximadamente 114 millones de dólares, busca no solo disminuir atropellos sino también restablecer rutas migratorias esenciales para la supervivencia de especies grandes.
¿Por qué son vitales los cruces de animales?
En Estados Unidos se estiman millones de colisiones entre vehículos y fauna cada año, y California concentra una parte importante por su red de autopistas rápidas y corredores biológicos fragmentados. Los cruces de fauna reducen esas cifras, protegen a conductores y evitan la pérdida de diversidad genética causada por el aislamiento de poblaciones. Además, investigadores usarán registradores biológicos en ciervos y otros mamíferos para medir la frecuencia cardíaca y otros indicadores de estrés al atravesar el paso, garantizando que la estructura no genere nuevas amenazas fisiológicas.
Los diez animales que más asesinan a humanos
Mientras la infraestructura protege a la vida silvestre, la historia recuerda que no todos los animales representan la misma amenaza para la gente. Según estudios, el mosquito causa entre 725.000 y un millón de muertes anuales, superando con creces a depredadores como el hipopótamo, que mata unas 500 personas al año, y al elefante, con cifras similares. Los cocodrilos, aunque temidos, registran alrededor de 25 víctimas. La lista revela que los mayores asesinos son a menudo pequeños pero portadores de enfermedades, como el mosquito, mientras que los grandes mamíferos atacan principalmente por defensa de territorio o cuando se sienten amenazados.
Gustave: el cocodrilo que se volvió leyenda
En el lago Tanganica, a orillas del río Ruzizi, habitó durante décadas un cocodrilo llamado Gustave, estimado en seis metros de longitud y 900 kg de peso. Desde 1987 acumuló más de 300 muertes humanas, convirtiéndose en una figura casi mitológica para las comunidades locales, que lo veneraban como guardián del agua. A diferencia de sus congéneres, Gustave mostraba cicatrices de disparos y una extraña protuberancia ósea en la cabeza, evidencia de numerosos intentos fallidos de captura. Aunque los rumores apuntan a su muerte en 2019, nunca se encontró su cuerpo, alimentando la creencia de que sigue acechando las orillas del lago.
El conjunto de estos hechos muestra cómo la interacción entre humanos y fauna puede transformarse en conflicto o cooperación. Los pasajes de fauna representan una solución tangible para restaurar la conectividad de los ecosistemas, mientras que conocer qué especies representan mayor riesgo ayuda a orientar medidas de prevención y educación.



