En el universo de la tenencia de mascotas, los accesorios parecen inofensivos, pero algunos pueden convertirse en verdaderos peligros. Tanto para felinos como para caninos, el uso incorrecto de collares ha generado alertas entre veterinarios y legisladores. Este artículo recopila los argumentos de expertos y la reciente legislación que busca proteger a los animales domésticos.
Por qué los collares pueden ser una amenaza para los gatos
El veternario Carlos creador del canal YouTube «Mascotas y Familias Felices», advierte que muchos collares comercializados están diseñados para perros pequeños y no consideran la anatomía ni el comportamiento de los gatos. Los felinos son escaladores natos; al saltar o engancharse en muebles, ramas o rejas, un collar inadecuado puede quedar atrapado y ejercer presión sobre la tráquea.
Para evitar tragedias, Carlos insiste en que cualquier collar usado en gatos cuente con cierre de seguridad capaz de liberarse automáticamente si el animal queda atrapado. Además, denuncia los collares con cascabel argumentando que el sonido constante cercano a sus orejas, extremadamente sensibles, genera estrés psicológico y constituye una forma de tortura auditiva.
El especialista enfatiza que él mismo nunca pondría un collar a su propio gato y lamenta la escasa evolución del mercado. En aquellos casos donde el collar lleva una placa identificativa la prioridad debe ser la seguridad, no la estética.
La Ley de Bienestar Animal y la prohibición de collares dañinos en perros
El artículo 27… de la Ley de bienestar animal establece la prohibición absoluta del uso de collares que puedan provocar lesiones en perros, entre ellos los collares eléctricos, de impulsos, de castigo y los de ahogo. Estos dispositivos solían emplearse con la intención de corregir conductas, pero la comunidad veterinaria y de etología ha demostrado que se basan en castigos físicos y no abordan la causa subyacente del comportamiento.
Los collares eléctricos pueden emitir descargas de varios voltios, mientras que los de impulso aplican vibraciones o pulsos eléctricos. Los collares de ahogo funcionan como una cuerda con nudo deslizante que se aprieta al tirar de la correa, y los de castigo cuentan con púas o cadenas que ejercen presión sobre el cuello. Todas estas herramientas pueden generar estrés, miedo y, en el peor de los casos, daño permanente.
La normativa también define un escalón de sanciones: incumplimientos sin lesión pueden acarrear multas de 500 a 10.000 euros; usos que provoquen sufrimiento sin lesiones graves llegan a 10.001-50.000 euros; y si la infracción causa la muerte del animal, la multa puede superar los 50.001 euros. Además, el juez puede ordenar el decomiso del dispositivo, la inhabilitación temporal del responsable y, en casos graves, la retirada del animal.
Ante la evidencia de riesgo, los cuidadores deben optar por collares con liberación rápida y evitar cualquier accesorio que produzca estímulos molestos, como cascabeles o descargas eléctricas. En su lugar, se sugiere emplear métodos de entrenamiento basados en el refuerzo positivo, que favorecen la relación de confianza entre dueño y mascota.
Para la identificación, la solución legal y segura consiste en usar microchips subcutáneos o collares con chapa sin mecanismos de apriete. Estas alternativas cumplen con la normativa y garantizan que, en caso de pérdida, el animal pueda ser localizado sin poner en riesgo su integridad.
Adoptar estas pautas protege a los gatos y perros y asegura el cumplimiento de la Ley de Bienestar Animal.



