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27 octubre 2026

Consumo ancestral de serpientes y el auge del comercio ilegal

De la cocina natufiense a los mercados clandestinos: el sorprendente viaje de los reptiles.

Consumo ancestral de serpientes y el auge del comercio ilegal

En el Levante mediterráneo, los restos hallados en la terraza de el-Wad, en el monte Carmelo, permiten vislumbrar una dieta mucho más diversa de la que suele imaginarse para los cazadores del Paleolítico final. Investigadores de la Universidad de Haifa, trabajando con estratos que datan entre 15.000 y 11.700 años antes del presente, identificaron una presencia constante de serpientes y lagartos en la alimentación de las comunidades natufienses.

Huellas óseas que confirman el consumo de escamosos

Más de tres mil años de ocupación dejaron una secuencia de veinte niveles estratigráficos. En cada uno de ellos, los restos de reptiles representan entre el 25 % y el 42 % del conjunto animal, cifras comparables con los pequeños ungulados y las tortugas. No basta con la abundancia de huesos para afirmar que se trataba de alimento; los especialistas examinaron 82 vértebras de serpiente y detectaron incisiones en forma de V, similares a los cortes de un carnicero, ubicadas en el lado izquierdo del tronco vertebral. Algunas vértebras presentan varios cortes paralelos, lo que indica una práctica repetida y estandarizada.

En contraste, los lagartos de cristal (su nombre común) no mostraron marcas de corte, probablemente porque su armadura ósea requería una técnica distinta de despiece. No obstante, su frecuencia es notable: constituyen el 35 % de los escamosos identificados, superando a la serpiente látigo grande (32 %) y a la culebra bastarda (22 %). La combinación de marcas de fuego, pisoteo y asociación con huesos de mamíferos de gran tamaño refuerza la interpretación de que estos animales formaban parte de la comida cotidiana de los natufienses.

Una estrategia de captura planificada

Los datos sugieren que la recolección de reptiles no era una actividad improvisada. Los asentamientos natufienses de distintas áreas del sur del Levante comparten la preferencia por especies de gran tamaño, lo que indica una decisión cultural más que una mera explotación de recursos locales. A diferencia de los yacimientos paleolíticos anteriores, donde predominan especies pequeñas y una mayor diversidad, en el periodo natufiense la proporción de escamosos comestibles aumenta paralelamente al asentamiento más sedentario y a la intensificación de la caza y recolección.

Este cambio coincide con la transición hacia modos de vida más estables, donde la planificación de la captura de presas menos peligrosas, como el lagarto de cristal, complementaba la caza de mamíferos y aves acuáticas. La evidencia de corte sistemático sugiere un conocimiento culinario que anticipa técnicas de despiece modernas.

Del pasado a la actualidad: tráfico de reptiles como mascotas

En la época contemporánea, la demanda de reptiles y anfibios como mascotas exóticas ha creado un mercado global que supera los 2 500 millones de dólares. La falta de legislaciones coherentes permite a redes criminales capturar ejemplares en América, África y Asia para luego criarlos sin permisos y venderlos en ferias europeas. Un operativo español de la Guardia Civil, anunciado el 25 de septiembre de 2026, incautó 209 reptiles, entre ellos iguanas críticas y especies protegidas por el tratado CITES.

Los detenidos, vinculados a una organización criminal, utilizaban la “zona gris” de la documentación de origen para mezclar animales capturados ilegalmente con ejemplares de cría legal, práctica conocida como blanqueo. Este método dificulta la trazabilidad y permite que reptiles amenazados, como la rana mantela arlequín de Madagascar o la rana venenosa de Lehmann de Colombia, desaparezcan de sus hábitats naturales.

Expertos en conservación, entre ellos representantes de la WCS y la UICN, reclaman la creación de una “lista positiva” que delimite qué especies pueden comercializarse como mascotas, y la revisión exhaustiva de exportaciones e importaciones. Con una de cada cinco especies de reptiles y dos de cada cinco anfibios en riesgo de extinción, el crecimiento del comercio ilícito constituye una amenaza directa para la biodiversidad.

Mientras que hace 15 000 años los humanos ya habían desarrollado técnicas para aprovechar reptile­as en su alimentación, hoy enfrentamos una crisis diferente: la explotación desenfrenada de los mismos grupos animales para el mercado negro, impulsada por vacíos legales y una demanda creciente. Sin una regulación más estricta y una mayor conciencia pública, el legado de los escamosos podría pasar de plato ancestral a extinción definitiva.

Autor

Andrés Rodríguez

Andrés Rodríguez, madrileño de 33 años con aire moderno y relajado, recuerda cubrir las protestas de la Puerta del Sol durante el 15-M desde una bicicleta. Defiende un periodismo cercano que prioriza testimonios vecinales frente a titulares fríos; vive en Malasaña y compagina crónicas con proyectos de audio local.