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28 agosto 2026

El Polaco Groh Riemersma: Vida y obra del defensor de los canichones

Eduardo Groh Riemersma, conocido como El Polaco, dedicó casi dos décadas a rescatar perros abandonados en Santiago del Estero. Su legado y el futuro del refugio El Montecito de los Canichones.

El Polaco Groh Riemersma: Vida y obra del defensor de los canichones

Eduardo Groh Riemersma, más conocido como El Polaco fue una figura emblemática en la protección animal de Santiago del Estero. A sus 49 años, dejó un legado imborrable con su trabajo incansable en el refugio El Montecito de los Canichones donde rescató a cientos de perros abandonados y maltratados.

El trágico accidente que le arrebató la vida el 28 de agosto de 2026 dejó a la comunidad santiagueña en duelo y planteó interrogantes sobre el futuro de los más de 250 animales que estaban bajo su cuidado.

Un cambio de vida marcado por el dolor

Nacido en Bandera Eduardo Groh Riemersma comenzó sus estudios de Ingeniería Forestal en la universidad pública de la provincia. Sin embargo, su vida tomó un rumbo diferente tras la muerte de su perra dogo. Su suegro le regaló un perro rescatado de la calle, un gesto que, según contaba, le cambió la vida.

«Yo era un tipo que estaba concentrado en el trabajo como con tapasojos y ahí fue que miré a los costados y me dije ¿qué hace este perro, de dónde salió? Y ahí hice un clic y me encontré con situaciones terribles de perros rescatados», recordaba en una oportunidad.

Otro episodio determinante en su vida fue un accidente de tránsito que sufrió cuando era estudiante. Fue atropellado a la salida de un boliche, quedó en coma, sufrió dos infartos y le llevó un año volver a caminar. Esta experiencia reforzó su compromiso con los demás y lo llevó a dedicarse de lleno al rescate animal.

El nacimiento y crecimiento de El Montecito de los Canichones

El refugio comenzó a funcionar en el año 2006, primero en Bandera y luego se trasladó a la Ruta 16 en el departamento La Banda. «Agradezco mucho a mis amigos que me ayudan aquí en La Banda, porque aunque yo soy de allá, esta es mi casa», solía decir Eduardo sobre el lugar donde afincó su proyecto de vida.

Con el tiempo, el espacio se convirtió en un símbolo de la lucha por el bienestar animal en la provincia. Eduardo popularizó el término canichones para referirse a los perros callejeros, y así bautizó también al refugio, que llegó a albergar a más de 400 perros, muchos de ellos con discapacidades motrices o sensoriales y otros de edad avanzada.

En el proyecto lo acompañaba Facundo Herrera Gerardi quien también formaba parte de la tarea diaria del refugio. «Él me hizo partícipe y hoy El Montecito de los Canichones es nuestro sueño cumplido, porque esto es una alegría grande lo de poder ayudar a estos animales», expresó en su momento.

Para sostener el refugio, Groh Riemersma contaba con el aporte de miles de madrinas y padrinos, así como con las charlas, cursos y talleres de concientización sobre el maltrato animal que él mismo dictaba en escuelas de la Capital y La Banda.

Historias de rescate que marcaron su vida

Detrás de cada uno de los perros que corrían libres por el refugio había una historia de rescate que muchas veces rozaba la muerte. Eduardo solía recordar los casos más duros, como el de Fidel un perro al que un niño de 8 años le echó nafta y le prendió fuego.

«La historia más dura es la de Fidel», había relatado. También mencionaba a Bettina rescatada de galgueros en Venado Tuerto, y a Angelito abandonado en un cementerio y rescatado gracias a la escuchó atenta de una vecina.

Para él, esta tarea tenía un sentido profundo. «Yo me siento completamente libre y feliz. Hoy la gente está muy enfrascada en el materialismo, pero yo dejo todo en el camino y consagramos nuestra vida a luchar por estos animales», decía.

En distintas entrevistas, El Polaco remarcaba el compromiso que implicaba sostener un refugio de esas características. «Tener un refugio va mil veces más allá de tener un campo con algunos perros», explicaba, destacando la necesidad de contención, atención veterinaria, alimentación y cuidados constantes.

Su entrega también le trajo momentos difíciles, como las fuertes lluvias que en 2026 dejaron gran parte de las instalaciones anegadas, o las denuncias que realizó contra la policía provincial por la desaparición de perros callejeros del centro capitalino.

Un referente que deja un legado

A lo largo de casi dos décadas, El Polaco se convirtió en una figura ineludible del activismo animal en Santiago del Estero. Su fallecimiento, tras el grave accidente de tránsito que sufrió el 28 de agosto de 2026, dejó un enorme vacío en la comunidad proteccionista y abrió un interrogante sobre el futuro del refugio que fundó y sostuvo durante toda su vida adulta.

La noticia de su muerte generó una ola de tristeza entre los vecinos y el ambiente del proteccionismo animal. En redes sociales, allegados y seguidores expresaron su dolor y preocupación por el futuro de los 250 animales que estaban bajo su cuidado.

«¿Quién se hará cargo de esos 250 animales que tenía este hombre tan joven?», lamentó una usuaria en Facebook. Otra mujer recordó los proyectos que El Polaco dejó pendientes en el refugio y destacó: «Si nadie hacía lo que vos, por eso y muchas otras razones eras único amigo querido».

Autor

Andrés Rodríguez

Andrés Rodríguez, madrileño de 33 años con aire moderno y relajado, recuerda cubrir las protestas de la Puerta del Sol durante el 15-M desde una bicicleta. Defiende un periodismo cercano que prioriza testimonios vecinales frente a titulares fríos; vive en Malasaña y compagina crónicas con proyectos de audio local.