La acuicultura ha sido promovida como la solución para alimentar al mundo sin agotar los océanos. Sin embargo, detrás de esta promesa hay una realidad compleja. Especies como el salmón la dorada y la lubina criadas en granjas acuícolas, requieren piensos elaborados con harina y aceite de pescado obtenidos de peces capturados en el mar.
Esta dependencia plantea una contradicción fundamental: para producir pescado de cultivo, se sigue capturando pescado silvestre. Un solo salmón de cultivo puede consumir más de seis veces su propio peso en peces silvestres durante su crecimiento. Esta situación cuestiona uno de los principales argumentos de la industria acuícola: producir más pescado para capturar menos.
La paradoja de la acuicultura
La industria acuícola ha crecido hasta convertirse en un gigante de 270.000 millones de euros representando aproximadamente la mitad del pescado consumido en el mundo. España es el mayor productor de la Unión Europea en volumen, aunque gran parte de su producción corresponde a bivalvos como mejillones y almejas, que tienen un impacto ambiental menor.
Sin embargo, el crecimiento del sector ha revelado una cadena de consecuencias que suelen pasar desapercibidas. Una investigación de dos años realizada por The Outlaw Ocean Project analizó la industria mundial de la harina de pescado, rastreando su recorrido desde los barcos pesqueros hasta las plantas de procesamiento y las piscifactorías.
Impactos ambientales y sociales
El estudio documentó impactos ambientales y sociales en diferentes regiones del planeta. En países como Gambia y Mauritania especies que antes servían como alimento básico para las comunidades locales son desviadas hacia fábricas destinadas a producir pienso para acuicultura internacional.
Esta situación crea una paradoja difícil de ignorar: mientras en algunos mercados ricos aumenta el consumo de productos de mar considerados de calidad, comunidades pesqueras de países productores pierden una fuente esencial de alimentación y empleo. El pescado que antes llegaba directamente a las mesas locales acaba transformado en alimento para peces criados en granjas situadas a miles de kilómetros.
Problemas laborales y ambientales
La investigación también señaló problemas laborales y ambientales en distintas zonas productoras. En IndiaPerú y países de África occidental se han registrado conflictos relacionados con la contaminación, el deterioro de las condiciones laborales y el impacto de las plantas donde se procesa pescado a gran escala.
En España, esta realidad está conectada con el consumo cotidiano. Buena parte de la harina de pescado utilizada por las piscifactorías españolas procede del extranjero. Las especies más dependientes de estos piensos son precisamente algunas de las más habituales en las pescaderías, como la lubina europea y la dorada.
El futuro de la acuicultura sostenible
El gran desafío del sector es romper la dependencia de la harina y el aceite de pescado. La industria investiga alternativas como algas, residuos agrícolas, insectos o proteínas obtenidas mediante microorganismos, pero ninguna opción ha alcanzado todavía la escala y el precio necesarios para sustituir completamente al modelo actual.
La Asociación Internacional de Harina y Aceite de Pescado (IFFO) defiende que la acuicultura sigue siendo uno de los sistemas de producción de proteína animal más eficientes y advierte de que cualquier transición debe tener en cuenta la realidad económica y la demanda mundial de pescado.
El debate no gira únicamente en torno a si la acuicultura es buena o mala para el planeta. La cuestión es qué tipo de acuicultura se quiere impulsar. Mientras algunas explotaciones pueden reducir la presión sobre los océanos, otras pueden agravar los problemas ambientales y sociales existentes.



