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La jornada nacional del gato es una fecha dedicada a poner en valor la relación entre las personas y los felinos, con especial atención a la protección y al bienestar animal. Celebrada cada año el 17 de febrero, esta conmemoración combina elementos culturales, decisiones ciudadanas y campañas prácticas para mejorar la vida de los gatos, tanto domésticos como libres.
Además de eventos locales, la jornada favorece campañas de adopción, actividades informativas sobre la esterilización y el manejo responsable, y el apoyo a las colonias felinas. En paralelo, algunos municipios han convertido al gato en un emblema identitario, lo que conecta la celebración con iniciativas de turismo y memoria comunitaria.
Origen y simbolismo de la fecha
La elección del 17 de febrero tiene un trasfondo que mezcla votos populares y referencias culturales. La propuesta se consolidó gracias a la iniciativa de ciudadanos y al respaldo de medios especializados; desde entonces la fecha sirve como marco para campañas de concienciación.
El mes de febrero, asociado culturalmente al signo del Acuario, se ha interpretado simbólicamente como afín a rasgos felinos como la independencia y el carácter poco convencional.
El valor del número y símbolos asociados
El numeral que marca la celebración también ha recibido lecturas simbólicas. La cifra romana XVII puede leerse como anagrama de VIXI, una palabra latina que significa «he vivido» y que ofrece una lectura poética sobre la vida y la longevidad de los gatos en la tradición popular. También existe una lectura crítica que transforma supersticiones en motivos de reivindicación: convertir un número considerado desafortunado en ocasión de respeto hacia los animales.
Brolo y la identidad local alrededor del gato
Entre las localidades que han hecho del felino un símbolo destaca Brolo, fracción de Nonio en la orilla del Lago d’Orta. Allí el gato aparece en piezas de mobiliario urbano, monumentos y rutas temáticas: un ejemplo de cómo un animal puede integrarse en la memoria colectiva y en la oferta cultural de un pueblo. El Monumento al Gato instalado en la entrada del borgo se ha convertido en un punto de referencia para residentes y visitantes.
La adopción del símbolo gatuno en Brolo tiene raíces en relatos populares vinculados a disputas religiosas y rivalidades vecinales: una antigua burla sobre «ratones» se transformó en orgullo y en una narrativa comunitaria que reivindica autonomía y singularidad. Este proceso demuestra cómo un símbolo animal puede servir para cohesionar identidades locales y potenciar iniciativas económicas, como el turismo temático.
Itinerarios y patrimonio tematizado
El diseño de recorridos urbanos y la colocación de murales y esculturas han permitido que Brolo ofrezca una experiencia temática que mezcla arte, tradición y convivencia con animales. Rutas como la llamada «Strescia dal Gat» proponen paseos decorados con iconografías gatunas y reinterpretaciones de obras clásicas en clave felina, atrayendo a fotógrafos y amantes de la cultura popular. En las cercanías se conservan paisajes y puntos panorámicos que enriquecen la visita.
Acciones prácticas y participación ciudadana
La jornada nacional del gato sirve como plataforma para actividades concretas: jornadas de adopción, campañas de recaudación de fondos, charlas sobre esterilización y eventos de voluntariado. Las asociaciones que gestionan colonias felinas organizan chequeos sanitarios, programas de control y acciones de educación ciudadana. La normativa local y las buenas prácticas exigen transparencia en la gestión de fondos y el respeto a la privacidad de donantes y voluntarios.
Participar puede ser tan sencillo como ofrecer tiempo como voluntario, donar para intervenciones veterinarias o promover la adopción responsable. Las campañas también luchan contra prejuicios, por ejemplo los que afectan a los gatos negros, y tratan de difundir mensajes de inclusión y respeto hacia todas las razas y condiciones.
Más allá de un día concreto, la conmemoración del 17 de febrero pretende sostener una práctica continuada de protección animal. Las actividades anuales ayudan a consolidar redes entre asociaciones, administraciones locales y ciudadanos, y pueden traducirse en beneficios tangibles: mejor salud de las poblaciones felinas, menor abandono y oportunidades de turismo cultural. El reto consiste en mantener la atención y profesionalizar las acciones para garantizar transparencia, eficacia y respeto a la normativa.
Desde iniciativas de base hasta proyectos que integran arte y memoria, la fecha es una invitación a reconocer la importancia de los felinos en el tejido social y a participar activamente en su cuidado y protección.





