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2 octubre 2026

Descubre qué aves alcanzan más de 120 decibelios al vocalizar

Descubre qué dos especies superan el ruido de una motosierra y qué rasgos anatómicos les permiten lanzar cantos de más de 120 dB.

Descubre qué aves alcanzan más de 120 decibelios al vocalizar

En la densa Mata Atlántica y en las sabanas del sur de América, el sonido de la selva puede verse eclipsado por el grito de dos pequeñas pero potentes criaturas aladas. Un equipo dirigido por Jeff Podos y João C.T. Menezes, ambos vinculados a la Universidad de Massachusetts Amherst, analizó el volumen de los cantos de 123 especies de aves para determinar cuáles podían generar los llamados más intensos. Los resultados, publicados en la revista Evolution señalaron dos penas que superan los 120 decibelios, un nivel comparable al de una motosierra en plena marcha.

El proyecto surgió de la necesidad de llenar un vacío: la mayoría de los registros acústicos previos sólo describían la frecuencia o la duración de los cantos, pero rara vez cuantificaban su potencia real. Para abordar este desafío, los investigadores combinaron telémetros láser de golf —instrumentos capaces de medir la distancia con precisión centimétrica— y sonómetros portátiles de alta resolución habituales en la industria de la seguridad laboral. Esta dupla tecnológica les permitió registrar la intensidad sonora sin alejar al ave de su entorno natural, superando así las limitaciones de los métodos de laboratorio.

Las dos superestrellas del sonido aviar

El primer rival es el pájaro campana (Procnias nudicollis), también llamado campanero de garganta desnuda. Habita los bosques costeros brasileños y produce un llamado breve, metálico y penetrante que corta el murmullo de la selva. Sus picos alcanzan los 122 decibelios en registros de campo, lo que lo coloca por encima del ruido de una sierra eléctrica y lo convierte en una auténtica máquina acústica natural. El segundo contendiente es la seriema de patas rojas (Cariama cristata), residente de llanuras abiertas del sur de Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina. Su canto es más sostenido y se compone de una serie de notas que, al combinarse, también superan los 120 decibelios.

A modo de contraste, la especie con la vocalización menos potente dentro del estudio fue un colibrí, que emitió apenas 64 decibelios, equivalente al nivel de una conversación casual en una cafetería. Esta diferencia de 58 decibelios destaca la enorme variedad de estrategias acústicas que han evolucionado entre las aves, desde susurros discretos hasta explosiones sónicas capaces de atravesar el follaje más denso.

¿Qué permite a estas aves gritar tan fuerte?

El análisis comparativo reveló una correlación clara entre el tamaño corporal, el ancho del pico y la potencia del canto. Las aves más ruidosas poseen cuerpos más voluminosos, lo que les brinda músculos respiratorios más potentes capaces de comprimir mayores volúmenes de aire. Ese chorro de aire atraviesa el tracto vocal y, al salir por un pico ancha, actúa como la campana de un instrumento de viento, amplificando la energía sonora. Los autores comparan este mecanismo con el de una trompeta, donde una mayor abertura mejora la proyección del sonido.

Aunque la relación anatómica quedó bien establecida, los datos no apoyaron una hipótesis única sobre el beneficio ecológico de tan alto volumen. No se encontró evidencia de que las especies más ruidosas fueran menos ágiles en vuelo, vivieran exclusivamente en bosques densos o exhibieran sistemas de apareamiento particulares. El estudio, por tanto, abre más preguntas que respuestas: ¿es el fuerte canto una estrategia de defensa territorial, una advertencia a depredadores, o simplemente una característica derivada de la morfología sin una función adaptativa clara?

El método desarrollado —laser + sonómetro — marca un hito para la ornitología de campo, pues permite obtener mediciones fiables sin sacrificar la naturalidad del comportamiento aviar. Con esta herramienta, futuros investigadores podrán ampliar la base de datos a cientos de especies más, quizá descubriendo nuevos récords o patrones que ayuden a explicar la evolución del canto más fuerte del mundo. Además, al combinar la información acústica con datos sobre hábitat y comportamiento social, será posible desentrañar la razón funcional detrás de los cantos ensordecedores.

Mientras tanto, la presencia del pájaro campana y la seriema de patas rojas en el ranking mundial de ruido natural nos recuerda que la biodiversidad no sólo se mide en colores o tamaños, sino también en la capacidad de llenar el aire con sonidos que compiten con la maquinaria humana más potente.

Autor

Lucía Fernández

Lucía Fernández, periodista especializada en mascotas y bienestar animal, divulga consejos sobre cuidado, salud y convivencia con perros, gatos y otras especies, apoyándose en fuentes veterinarias.