El verano de 2026 está siendo especialmente caluroso en gran parte del país, y las altas temperaturas no solo afectan a las personas, sino también a nuestros animales de compañía. Muchos dueños, con la mejor intención, cometen errores que pueden poner en peligro la salud de sus mascotas. Desde raparles el pelaje hasta dejarlos en el coche por unos minutos, estas acciones aparentemente inocuas pueden tener consecuencias graves.
Yasmina Domínguez, responsable de la Comisión Ejecutiva del Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Veterinarios y presidenta del Colegio de Veterinarios de Almería, advierte sobre los riesgos más comunes y cómo evitarlos. Su experiencia en el campo de la medicina veterinaria proporciona una guía esencial para cualquier dueño de mascotas.
Razas más vulnerables y termorregulación
No todos los animales tienen el mismo nivel de resistencia al calor. Domínguez señala que los perros braquicéfalos como los carlinos y los bulldogs franceses, son especialmente vulnerables. Su estructura facial les impide ventilar eficientemente, lo que hace que el jadeo no sea tan efectivo como en razas con hocicos más largos.
Además, la propia temperatura corporal de los animales dificulta su capacidad de termorregulación cuando el calor es extremo. Esto significa que, incluso en condiciones normales, los animales pueden tener dificultades para regular su temperatura corporal, un problema que se agrava durante las olas de calor.
Errores comunes y cómo evitarlos
Rapar a las mascotas
Uno de los errores más comunes es rapar a las mascotas pensando que así estarán más frescas. Sin embargo, el resultado puede ser el contrario. El pelaje denso actúa como un aislante térmico protector creando una cámara de aire entre la piel y el pelo que ayuda a refrescar la piel. Al raparlo, dejamos al animal completamente expuesto al sol, sin protección.
Domínguez compara esta práctica con ir a la playa completamente rapados y sin una gorra para proteger la cabeza. La idea es que el pelaje natural de las mascotas es una barrera esencial contra el calor, y eliminarlo puede ser contraproducente.
Dejar a las mascotas en el coche
Dejar a un animal dentro de un vehículo, incluso por un período aparentemente corto, es extremadamente peligroso. La temperatura dentro del coche puede incrementarse alrededor de 0,7 grados por minuto, lo que puede provocar golpes de calor de extrema gravedad en muy poco tiempo.
Domínguez insiste en que no existe un tiempo máximo seguro para dejar a una mascota en el coche. Incluso en días que no parecen extremadamente calurosos, la temperatura interior puede volverse letal en cuestión de minutos. La mejor opción es siempre llevar a la mascota contigo o dejarla en casa.
Ejercicio intenso sin preparación
El ejercicio es otro factor crucial a considerar. Muchos dueños, que durante el invierno apenas pasean a sus mascotas, pretenden llevarlas a realizar excursiones largas y exigentes sin un entrenamiento previo adecuado. Esto puede ser especialmente peligroso durante el verano.
Domínguez recomienda adaptar la actividad a las capacidades del animal y cambiar los horarios de paseo. Evitar las horas centrales del día, cuando el sol es más intenso, y optar por rutas con sombra puede marcar una gran diferencia en la salud y el bienestar de la mascota.
Asfalto caliente y lesiones
El asfalto y las aceras pueden alcanzar temperaturas capaces de provocar abrasiones y lesiones en las almohadillas de las mascotas. Para evitarlo, Domínguez recomienda comprobar previamente con la mano la superficie por la que caminará el animal y escoger recorridos y horarios en los que el suelo no esté excesivamente caliente.
Una simple prueba con la mano puede ser suficiente para determinar si el suelo está demasiado caliente para las patas de la mascota. Optar por paseos tempranos en la mañana o tardes en la noche, cuando el asfalto está más fresco, es una buena práctica.
Algunos errores aparecen precisamente cuando el animal ya está sufriendo un golpe de calor. Sumergirlo directamente en agua helada o rodearlo de elementos congelados no es una solución adecuada. Una reducción demasiado brusca de la temperatura puede resultar casi tan perjudicial como el mismo golpe de calor.
La solución debe ser progresiva. Domínguez recomienda colocar al animal tumbado a la sombra, ofrecerle agua fresca y mojar zonas como las axilas y las ingles, donde no tiene pelo. También pueden emplearse métodos suaves para favorecer el enfriamiento, como utilizar un ventilador o darle aire con un abanico.
Además, es fundamental disponer siempre del teléfono de un veterinario de urgencias al que poder recurrir en caso de necesidad. La rapidez en la atención puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de la mascota.
Pese a estos riesgos, Domínguez considera que los propietarios están cada vez más concienciados e informados. Aunque los veterinarios no disponen de estadísticas específicas sobre golpes de calor en animales de compañía equivalentes a las existentes en medicina humana, la percepción entre los profesionales es que los casos han disminuido respecto a años anteriores.
La veterinaria insiste también en la importancia de comprender las necesidades propias de cada animal. Tener una mascota implica asumir una responsabilidad durante toda su vida y respetar sus condiciones naturales. Una obligación que cobra especial importancia durante los episodios de calor extremo, cuando decisiones aparentemente destinadas a refrescar o entretener al animal pueden terminar poniendo en riesgo su vida.



