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9 julio 2026

La historia detrás de la pileta de los perros en el Hospital de la Caridad de Sevilla

En la Sevilla del siglo XVII, Miguel Mañara construyó una pileta para que los perros de los mendigos pudieran beber, un acto de compasión que sigue vigente hoy

La historia detrás de la pileta de los perros en el Hospital de la Caridad de Sevilla

En el corazón de la Sevilla del siglo XVII, una ciudad marcada por contrastes entre la opulencia y la pobreza, surgió un gesto de compasión que trasciende los siglos. Miguel Mañara, una figura venerada por su amor a los pobres, también demostró una sensibilidad especial hacia los animales, en particular los perros que acompañaban a los mendigos. Su legado perdura en una humilde pileta construida a las puertas del Hospital de la Caridad, un símbolo de amor y respeto hacia los seres más vulnerables.

Un gesto de amor que trasciende los siglos

La pileta, conocida como la fontanilla fue construida para que los perros de los mendigos pudieran beber agua fresca. Un azulejo en el lugar cuenta la leyenda de este exquisito detalle de Mañara, quien vio la necesidad de estos animales y actuó con compasión. La leyenda relata que, si alguna vez faltaba el agua en la pileta, era el mismo Dios quien se encargaba de rellenarla desde las llanuras azules del cielo de Sevilla.

Este acto de bondad no solo refleja la sensibilidad de Mañara hacia los animales, sino también su profundo respeto por los pobres, a quienes consideraba sus amos y señores. La pileta, al igual que el gran Hospital de la Caridad, sigue cumpliendo su función más de tres siglos después. En 2027 se cumplirá el cuarto centenario del nacimiento de Mañara, una figura cuya obra de verdadera vanguardia en el amor y la asistencia sigue inspirando hoy.

La sensibilidad de Mañara hacia los animales

Miguel Mañara fue un pionero en el amor a los pobres y, según la tradición, mostró una sensibilidad especial con los animales. La pileta para perros es un testimonio de su compasión y su deseo de aliviar el sufrimiento de los más necesitados. Este gesto, realizado siglos antes de que se reconociera legalmente a los animales como seres sintientes, demuestra que el respeto y el amor hacia los animales no son conceptos nuevos.

La figura de Mañara ha sido descrita como una que merecería una gran producción cinematográfica para llevar su vida a la gran pantalla. Mientras tanto, su obra sigue siendo un ejemplo de amor y asistencia, un legado que perdura a través de los siglos. Pequeños grandes detalles como la pileta para perros revelan el tacto y la compasión que caracterizan la obra de este venerable sevillano.

Un legado que perdura

La obra de Miguel Mañara ha perdurado por cuatro siglos, no solo por su amor a los pobres, sino también por su consideración hacia los animales. Sin leyes, sin argumentarios, sin eslóganes, su obra se basa en la fuerza del amor aplicado a todas las cosas. La sonrisa de gratitud de un acogido, el agua fresca para un perro que pasa por esa pileta en la Sevilla de los contrastes, son resultados de esta receta de amor y compasión.

Solo lo auténtico permanece, y la obra de Mañara es un testimonio de ello. Su legado sigue siendo un faro de amor y compasión en un mundo que a menudo olvida a los más vulnerables. La pileta para perros en el Hospital de la Caridad es un recordatorio de que el amor y el respeto hacia los animales y los pobres no son conceptos abstractos, sino acciones concretas que pueden cambiar vidas.

Autor

Lucía Fernández

Lucía Fernández, periodista especializada en mascotas y bienestar animal, divulga consejos sobre cuidado, salud y convivencia con perros, gatos y otras especies, apoyándose en fuentes veterinarias.