En los últimos días se han cruzado dos realidades vinculadas al mundo equino que resaltan tanto la vulnerabilidad de los animales en entornos urbanos como el papel creciente de las jóvenes en la agricultura moderna. Por un lado, la aparición inesperada de varios caballos sueltos en una zona urbana de Orán, en la provincia de Salta, volvió a poner en la agenda la necesidad de una gestión adecuada de los equinos en la vía pública. Por otro, la historia de Sheila Casañas, una granicultora de 32 años originaria de Telde, Gran Canaria, muestra cómo una mujer puede combinar la ganadería con la agricultura de alta tecnología, desafiando estereotipos tradicionales.
Caballos sin control en la esquina de San Luis y Caleri
Durante la madrugada, la División de Caballería de la Policía de Salta avistó seis equinos que deambulaban sin rienda ni compañía alrededor de la intersección entre las calles San Luis y Caleri, en el barrio de Orán. Los animales, que no contaban con sujeción ni piloto, generaban una situación de riesgo tanto para los conductores como para los peatones, al poder provocar accidentes de tránsito o incidentes de mordedura. La autoridad local, a través de la Fiscalía, intervino de inmediato y procedió a capturar los caballos, tras lo cual fueron trasladados al predio de la Caballería provincial, donde permanecerán bajo custodia mientras se define su destino legal.
La Policía aprovechó la operatividad para reiterar a la población la importancia de notificar al Servicio de Emergencias 911 cualquier avistamiento de animales sueltos en la vía pública. En Salta, la aparición de caballos sin control no es una novedad; episodios similares se han registrado en distintas rutas y avenidas, provocando colisiones y generando alarma entre los vecinos. Las autoridades alertan que la falta de regulación y la ausencia de dueños responsables aumentan la probabilidad de que estos incidentes se repitan, subrayando la necesidad de programas de control y educación ciudadana.
Sheila Casañas: la granicultora que maneja caballos de 400 kg
Sheila Casañas, nacida y criada en Telde, descubrió su pasión por los animales desde la infancia, cuando su madre le regaló juguetes ecuestres y la inscribió en clases de hípica a los catorce años. Tras completar estudios como auxiliar de veterinaria, optó por dedicarse al trabajo en la tierra, combinando la gestión de invernaderos de tomate con el cuidado de su yegua Atenea, un ejemplar de aproximadamente 400 kilogramos. Según la propia Casañas, la imagen tradicional del agricultor –un hombre mayor y de bajos recursos– contrasta con su realidad, en la que el trabajo en equipo y el compañerismo entre colonos son esenciales para superar el calor, la fatiga y los retos diarios.
En los modernos invernaderos de Gran Canaria, Casañas emplea maquinaria automatizada que permite subir, bajar y girar carros como si fueran “coches automáticos”, lo que reduce el esfuerzo físico a la vez que mantiene la necesidad de mano de obra. La joven destaca que el proceso productivo es extenso: empieza con la preparación del suelo, sigue con la plantación, el control de plagas y la cosecha, y culmina con la logística para que el fruto llegue al supermercado. Cada etapa requiere un seguimiento minucioso, y la agricultora asegura que la satisfacción de ver el resultado final “en la mesa” compensa el sacrificio.
Además de su labor agrícola, Sheila rompe con los esquemas de género al ser una mujer joven que domina a un animal de 400 kg una hazaña que asombra a la comunidad. Según ella, la falta de visibilidad de este tipo de experiencias “impide que muchas personas vean lo que se pierden”. En su día a día, intercambia productos como calabacines, huevos o verduras con vecinos, creando una red de apoyo que refuerza el sentido de comunidad rural. Casañas también llama la atención sobre la necesidad de relevo generacional en el sector, animando a otras jóvenes a no dejarse intimidar por la percepción de un trabajo “excesivamente sacrificado”.



