En el corazón de Mallorca, la ciudad de Manacor se ha convertido en el epicentro de un intenso debate sobre el futuro de la producción avícola. La propuesta de construir una macrogranja con capacidad para 80.000 gallinas ha dividido a la comunidad, enfrentando a vecinos preocupados por el impacto ambiental y la calidad de vida con empresarios que defienden la modernización del sector.
Por un lado, la plataforma vecinal No Macrogranja Son Brau ha logrado movilizar a cientos de ciudadanos, recolectando casi 4.000 firmas en contra del proyecto. Por otro, la empresa Avícola Son Perot insiste en que su iniciativa cumple con todas las normativas y promete estándares europeos de bienestar animal.
La postura del Ayuntamiento y los informes técnicos
El Ayuntamiento de Manacor ha tomado una postura clara al respecto. En una sesión plenaria celebrada el pasado 13 de julio, los concejales aprobaron por mayoría una moción en contra de las macrogranjas, con el único voto en contra de Vox. Los informes técnicos municipales, emitidos por los servicios de Urbanismo, Medio Ambiente, Actividades y Movilidad, fueron desfavorables, señalando carencias en el proyecto que requieren aclaraciones antes de continuar con la tramitación.
La moción no menciona directamente a Son Brau, pero insta al Govern balear y al Consell de Mallorca a manifestarse contra las instalaciones intensivas y a modificar el Plan Territorial para prohibir las macrogranjas en toda la isla. Durante el pleno, una treintena de vecinos se concentró en la plaza del Convent con pancartas, y la portavoz de la plataforma, Sílvia Llull intervino para denunciar que «Mallorca ya no puede más» y que lucharán «hasta el final».
La defensa de Avícola Son Perot
Horas después del pleno, Avícola Son Perot emitió un comunicado en el que reivindica la legalidad del proyecto. Según la empresa, las gallinas serán criadas en suelo y camperas, sin jaulas, y las instalaciones incorporarán sistemas de gestión de residuos, optimización del consumo de agua, control de emisiones y reducción de olores. Además, aseguran que respetan las distancias legales respecto a los núcleos habitados y que todas sus explotaciones están sometidas a controles, inspecciones y auditorías permanentes que garantizan el cumplimiento de la normativa europea, estatal y autonómica.
La compañía también ha hecho hincapié en la necesidad de contar con un marco de seguridad jurídica «estable y previsible» para poder planificar inversiones a largo plazo. En este sentido, advierte de que cualquier decisión que comprometa la continuidad de estas explotaciones tendría un impacto directo sobre el empleo, el tejido empresarial y la economía de Mallorca. Según Son Perot, el aumento de la demanda de huevos —que en España creció un 2,8% durante 2026— no se puede atribuir únicamente al turismo, y reducir la producción local obligaría a incrementar las importaciones, aumentando la huella de carbono y la dependencia exterior.
El modelo alternativo de producción avícola
Mientras tanto, en otro rincón de Mallorca, el joven emprendedor Joan Siquier ha encontrado un nicho en el mercado con su granja Can Costeta. Joan, de 27 años, ha apostado por un modelo de producción avícola que prioriza el bienestar animal sobre la producción masiva. En su granja, cada gallina dispone de más de cuatro metros cuadrados, un lujo en comparación con las condiciones de las macrogranjas.
Joan explica que la diferencia entre un huevo de 15 céntimos y uno de 40 céntimos radica en la vida que tuvo la gallina que lo puso. Su filosofía se resume en el lema de su granja: «No cuidamos gallinas, sino que cuidamos reinas». Este enfoque ha resultado en una producción del 93%, muy por encima del promedio industrial. Además, sus huevos camperos tienen un sabor superior, según los consumidores.
Joan defiende un modelo en el que el productor controle todo el proceso, eliminando intermediarios y acercándose al cliente final. Aunque el camino no ha sido fácil —reconoce una inversión inicial de más de 60.000 euros y tres años de reinversión constante—, su granja demuestra que apostar por la calidad y el control del negocio puede marcar la diferencia en un sector en plena transformación.
El debate sobre las macrogranjas en Manacor refleja un conflicto recurrente en Baleares: el equilibrio entre la producción local de alimentos, la protección del territorio y la sostenibilidad ambiental. Mientras los vecinos continúan su lucha, la empresa Avícola Son Perot insiste en que el futuro del sector agroalimentario de Mallorca debe decidirse a partir de datos objetivos, criterios científicos y el cumplimiento de la legalidad.



